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Para los amantes del arte, de la producción, contribución, el sentir, la reciprocidad.; el propio manifiesto de las palabras, su hacerse contemplativo y la lectura de ideas. Un espacio para encontrarse, reencontrarse y perderse en el retorno. Un lugar ideado para la expresión sin condicionamientos ni tabúes...

miércoles, 24 de junio de 2009

LA EPISTEMOLOGÍA DE LA COMPLEJIDAD: El uno múltiple del pensamiento

La epistemología de la complejidad, ese saber multidisciplinario que interrelaciona la ciencia del espíritu científico con el conocimiento holístico de la realidad circundante, concebida y abordada desde diferentes ópticas donde el todo no es entendido como la suma de sus partes, sino como la necesaria interacción de cada una de ellas de manera interdependiente, retroalimentaria, con el propósito de explicar el conocimiento no como un acto de difícil acceso, sino como un sistema diversificado de relaciones que se repelen y emparentan simultáneamente.; ese saber multifacético, dinámico, que pocos autores han abordado y muchos lectores aún no comprenden, se puede explicar partiendo del siguiente ejemplo tomado de la vida cotidiana: la Universidad.
¡Soy médica, por tanto, no sé nada de literatura; soy de literatura así que las matemáticas me producen dolor de cabeza; por ser de Sociales, qué habría de saber acerca de las reglas ortográficas; mi mundo es la ingeniería así que no me inmiscuyo en nada que no tenga que ver con sus cálculos y geometrías…!
En torno a lo anteriormente descrito, cabría preguntarse ¿Por qué nos hemos dedicado a pensar bajo la premisa binaria de creer que somos buenos en algo en tanto nos aboquemos exclusivamente a ello; porqué al momento de especializarnos en una profesión nos olvidamos de poner en práctica nuestros conocimientos en favor de toda una sociedad y no para la suma de individuos que la conforman; por qué entendemos la organización como una restricción disciplinaria garante de un orden que aísla sus elementos en vez de optar por la convivencia entre las estructuras (formas de pensar) que subyacen dentro de la dinámica de las interrelaciones; porqué seguimos viendo el problema, estudiando sus partes por separado sin obtener resultado alguno, en vez de empezar por lo general que sería enfocarnos en la solución del mismo para así poder abordar la naturaleza misma de la dificultad detectada? ¿Acaso cuando armamos un rompecabezas no comenzamos viendo, memorizando el todo referencial (la imagen) para después integrar sus partes y no a la inversa siempre difícil y contradictoria (el azar de tratar de encajar una pieza con otra sin propósito alguno? ¿Por qué no entender que la Universidad no es la suma de sus Escuelas y/o facultades, sino un sistema complejo donde cada una de sus instancias o departamentos académicos interactúan entre sí conformando un todo operario, comunicativo, de reciprocidades manifiestas? Estas interrogantes responden al hecho de que el pensamiento ha sido demarcado en visiones fronterizas donde la abstracción y trascendencia del conocimiento no tienen cabida porque los individuos estamos sujetos a pensar desuniendo el todo en partes elementales, obviando los fenómenos que quedan fuera de su objeto de estudio.
Este pensar segmentario, reductor, simplista, perceptible, aunque suene un tanto exagerado, es así como hoy en día se vislumbra la educación desde distintas vertientes disciplinarias: un cubículo cuadriculado del pensamiento; la corriente positivista vigente como producto reductor del mundo y parcela del conocimiento humano. La meta en éste y todos los casos donde el conocimiento tiene un punto de partida pero no un fin acabado, sería abandonar tal pensamiento dogmático rompiendo con el paradigma cuantitativo de concebir la realidad como un dato a ser experimentando, calculado, constatado, sistematizado, consensuado por la razón y verdad absolutas.
El proceso de ver la realidad desde afuera y en perspectiva analógica –desde la concepción de la simplicidad- es imposible porque el mundo se halla sujeto a reglas que legislan al hombre como competencia unidireccional de un área específica del saber, abandonando así su capacidad inherente de explorar nuevos hechos y fenómenos que, aunque sólo en apariencias se muestren inconexos, la realidad manifiesta que son complementarios entre sí evidenciándose no sólo la manera de contemplar el mundo tal y como es, sino también la ocasión de traducirlo en infinidad de interpretaciones enlazadas las unas con las otras contextualmente. Es así como surge la epistemología de la complejidad.
Para la epistemología de la complejidad el caos es el primer principio del orden en el cosmos. Todo acto cognoscente nace, primeramente, de la incertidumbre, de un desorden que, paradójicamente, contribuye a organizar nuestro pensamiento porque reta a nuestro propio conocimiento a ir más allá de lo perceptible. Recordemos que la simplicidad es una línea recta temporal que va del punto A al B sin matices ni relieves que permitan el cambio, la transmutación del pensamiento, mientras que la complejidad nos invita a polimatizar el tiempo, reflexionar que nada es tan complicado como se aprecia; que detrás de todo hecho aparentemente simple, existe toda una amalgama de fenómenos y acciones complejas, interconectadas entre sí que conforman el todo integrado. Piénsese, por ejemplo, en el acto sexual que no es sólo la fusión, el encuentro orgásmico de dos cuerpos que se atraen mutuamente, sino también la interacción de múltiples sensaciones cuasi-biológicas que van desde el placer al éxtasis emotivo; del goce transpirado al amor sublime de dos almas que se pertenecen.
El pensamiento clásico suponía que para validar el conocimiento, era necesario depurarlo, es decir, poner en orden los fenómenos, rechazar el desorden, lo incierto, lograr la certidumbre, quitar las imprecisiones, distinguir y jerarquizar. Entonces, la complejidad se presentaba pero bajo la forma de lo enredado, ambiguo, incomprensible porque todo acto de conocimiento se abordaba en términos de seleccionar datos significativos rechazando lo no significativo (separación disyuntiva de la realidad). Para contrarrestar tales falencias del pensamiento reductor, es necesario tomar conciencia de los paradigmas que mutilan el conocimiento y desfiguran lo real. Para ello, se formula la idea de un pensamiento complejo, que evite la reducción/disyunción/separación del conocimiento. (Dialógica orden-desorden), proponiendo así una epistemología de la complejidad entendida como principio de distinciones/relaciones/oposiciones fundamentales entre algunas “nociones matrices” que generan y controlan el pensamiento, es decir, la constitución de teorías y producción de los discursos emitidos por los miembros de una comunidad científica determinada. De ello resulta una evidente ruptura epistémica, una transformación fundamental de nuestro modo de pensar, percibir y valorar la realidad signada por un mundo global que interconecta pensamientos y fenómenos, sucesos y procesos, donde los contextos físicos, biológicos, psicológicos, lingüísticos, antropológicos, sociales, económicos, ambientales son recíprocamente interdependientes entre sí.